Hoy encontré fotos, recuerdos pasados. Ese amor que nunca
fue. El casamiento entre el cielo y el infierno. Esa pasión oculta, ese deseo a
flor de piel. El bien y el mal. Las nubes grises cargadas de furia colmando el
abismo del secreto. Ese amor que existió
porque no tenía que ser. Quizás la motivación más grande y el desenfreno fueron
por eso. El pensar que nunca existió. Sin embargo aun existe en mi cabeza, está
en mis recuerdos. Algunos recuerdos que veo borroso pues han sido enterrados
hace mucho tiempo. Si mi imaginación es más fuerte que la verdadera realidad
pues mis recuerdos pueden ser lo que yo quiero.
La experiencia que entra en mi inconsciente está marcada por
todos esos filtros con los que hago magia por un camino hasta llegar a las
profundidades de mí ser. Entonces me doy cuenta que en ese recuerdo que no es
más que una experiencia filtrada por mi cabeza, ahí, puedo crear lo que desee. Ahí,
deseo haberte amado más tiempo. Deseo sentir tu olor otra vez. Desde ese nuevo
recuerdo concibo un momento en el que te veo, y te pido perdón. Sobre todo eso.
Crearía un recuerdo en donde te pedía perdón. No quise lastimarte. Y la verdad
es que no te estaba lastimando a vos. Solo me lastimaba a mí, y de una manera
tan profunda que mi automutilación estaba también lastimando a todos a mi
alrededor.
Desearía alguna vez volverte a ver. Quién sabe. Tantas veces
intenté buscarte y encontrarte. Quizás vos a mi también. O quizás, soy solo ese
doloroso recuerdo en tu vida. El recuerdo que quisiste olvidar. Y William Blake
me recuerda este momento:
Sin contrarios no hay progreso. Atracción
y
repulsión, razón y energía, amor y odio
son
necesarios a la existencia humana.
Brota de esos contrarios lo que las
religiones
llaman el Bien y el Mal. El Bien es el
elemento
pasivo sumiso a la razón. El Mal es el
activo que
brota de la energía.
Bien es Cielo, Mal es Infierno.